¿

A quiénes les sirven?

Escrito por Zoán Dávila y Érica Sánchez

1 de julio de 2010

  La actuación de la Policía de Puerto Rico y de los principales funcionarios que dirigen las riendas de nuestro país en el día de ayer debe ser asunto de reflexión para todos los puertorriqueños. ¿Realmente son respetados los valores de nuestra constitución? ¿Realmente el actual gobierno protege los intereses de pueblo?

 

  En la tarde de ayer, centenares de jóvenes, adultos y ancianos de diferentes organizaciones de la Isla fueron agredidos y perseguidos mientras realizaban una protesta pacífica en contra del atropello realizado por el Senado a dos de los derechos más basicos que reza nuestra constitución: la libertad de prensa y el libre acceso a las sesiones legislativas.  

 

  “Las sesiones de las cámaras serán públicas”.

 

  Así lo expresa la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico en la Sección 11 del Artículo III.  Esto incluye la presencia de la prensa, que representa los ojos y oídos del pueblo, y de personas individuales o grupos que deseen entrar y presenciar los procesos legislativos. No obstante, macanazos, gases lacrimógenos y empujones impidieron que muchos universitarios pudieran meanifestarse tranquilamente en el Capitolio y en sus predios.

Suministrada

  Los estudiantes deseaban entrar en el hemiciclo y expresar una declaración en contra de las acciones recientes del Senado. Sin embargo, la fuerza de choque se interpuso y detonó un enfrentamiento que duró varias horas y donde muchas personas resultaron heridas.

  Mientras esto sucedía varios empleados del Senado observaban el cruel escenario y hasta lo grababan desde las ventanas del ala norte del edificio. Fueron espectadores pasivos ante los golpes de perdigones y macanas que arremetían los efectivos de la policía indiscriminadamente y en los cuales resultaron heridos turistas que presenciaban el acontecimiento.  

 

  Los funcionarios de la prensa presentes, a quienes se les había permitido el acceso a las escalinatas horas antes, fueron arrastrados igualmente bajo la ola de violencia, entre ellos el fotoperiodista de Primera Hora Andre Kang. Aún así, la prensa cumplió con su cometido de documentar lo ocurrido, e informar al pueblo que se mantenía en vilo desde sus hogares y lugares de trabajo.

  Sin duda alguna, los incidentes de violencia ocurridos demostraron la importancia de que los medios de comunicación tengan acceso en todo momento a los espacios públicos en donde se dá la noticia. El trabajo de periodistas, camarógrafos y fotógrafos nos brindó las imágenes, los sonidos y la información de una situación deplorable, que también iba en contra del derecho a la libertad de expresión.

 

  Ahora bien, la prensa ha provisto el espacio para que tanto el Superintendente de la Policía, el Gobernador y varios senadores se expresen ante el indignante atropello del día de ayer. Las respuestas de estos funcionarios han sido más que vergonzosas.

  Según explicaron, se tomaron dichas medidas para evitar confrontaciones fisicas dentro del edificio, que fue precisamente lo que allí ocurrió.  Se han desbordado en elogios a la Policía de Puerto Rico, otorgando el permiso y la aprobación para que los efectivos empleen el uso de la fuerza bruta en incidentes futuros. 

 

  Si bien ese  tipo de manifestación no se permite en el hemiciclo, ¿cuán difícil era escuchar a los estudiantes y las organizaciones allí presentes? ¿Cuán difícil era atender los reclamos de quienes les dieron la oportunidad de ocupar los cargos que hoy ostentan?

  Lo que iban a expresar allí era, probablemente, el sentir de muchos puertorriqueños que de la noche a la mañana han visto sus derechos pisoteados. Si este gobierno es “del pueblo, para el pueblo”, es deber de sus dirigentes escuchar lo que ese pueblo opina. En su posición, la arrogancia no es permisible. No vivimos en un estado dictatorial donde las decisiones dependen sólo del dirigente.  Se supone que habitamos en un país cuya constitución protege y garantiza la democracia.

 

  Las actuaciones del día de ayer demuestran que los dirigentes de esta isla quisieron arrancarle los ojos al País y taparle los oídos en un momento crucial, sin ofrecer explicaciones razonables. Y ahora, quieren callar a quienes intentan ser su voz y aspirar a un cambio. La libertad de prensa y la libertad de expresión son aliadas del pueblo, del conocimiento y de la democracia. Nuestros dirigentes deben entender esto, dejar de verlas como enemigas y comenzar a trabajar con ellas.

 

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